miércoles, 15 de julio de 2015


Evaluación
El curso de este verano en el Instituto Cervantes me introdujo al mundo de la enseñanza del idioma español como lengua extranjera, pero, sin darse cuenta, el Cervantes me recordó, con datos y expertos, el largo camino que debe recorrer la educación en México.

En las últimas décadas se puso de moda en las universidades mexicanas la idea de que para mejorar la educación se necesitaba involucrar a los estudiantes con el mercado laboral al que se enfrentarían y de esta manera dotarlos de la ansiada experiencia.

Esta dinámica dividía la actividad laboral de la actividad educativa, en ese camino, ambas parecían no juntarse quedando una enorme grieta donde el estudiante no entendía bien la relación con lo aprendido en el aula y la exigencia del campo laboral.

Esto ha sido un error.

Involucrar al estudiante en el campo laboral no tendría por qué estar separado con la enseñanza del aula, pues lo ideal es que en el salón de clases la enseñanza se enfoque en evaluar constantemente al alumno con mecanismos útiles en su vida de aprendiz y en su futuro profesional.


La evaluación, según explica el especialista Carles Monereo, debe ajustarse a la forma de enseñar. Es un mecanismo continuo, es el camino, no el final.

Debe ser ante todo realista, demostrarle al estudiante que lo que está haciendo, tiene sentido.

La evaluación, es lo primero que se tiene que hacer para lograr un cambio real en los resultados educativos.

Sirve también para monitorear los resultados de la enseñanza del profesor.

Debe ser una motivación, pues su importancia radica en darle valor a lo que el alumno hace y vislumbrar, en todo momento, la utilidad para  la persona que está aprendiendo.



El mayor reto que enfrenta actualmente la educación mundial es la evolución acelerada que están dejando las nuevas tecnologías, por lo tanto, lo que Monereo propone es reorientar la enseñanza haciendo una evaluación enfocada a las nuevas realidades.

El reto cae principalmente en la formación de los docentes y aquí dependerá además de las circunstancias de cada país para lograrlo.

Al referirse a este trabajo que necesitarán los profesores, Monereo Font considera que efectivamente “los principales problemas que están actualmente presentes en las aulas responden a ocho grandes focos: selección apropiada y enseñanza comprensiva de contenidos; respeto a las normas de convivencia y conducta; motivación e interés por el aprendizaje; flexibilidad y ajuste de los métodos didácticos; gestión de conflictos interpersonales; manejo de sistemas de evaluación competenciales, y organización y gestión de tiempos, espacios y recursos”.



Aunque yo agregaría que el reto mayor es ir tan rápido como las nuevas tecnologías de la información. Ser eficientes ante el bombardeo de novedades porque, invariablemente, esto modifica y cambiará aún más los métodos de enseñanza.

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